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juan.cantero@economiavisual.com

Equilibrio General en el intercambio: la curva de contrato

Con el fin de determinar el modo en que se logra el equilibrio a nivel general cuando tan sólo se producen intercambio o transacción, consideraremos de forma simplificada que la sociedad se compone de dos individuos (individuo A e individuo B), y que los mismos pueden adquirir mediante el proceso de intercambio dos bienes (X e Y).

Resulta obvio que el comportamiento de cada uno de ellos al comerciar estará presidido por un objetivo: maximizar su utilidad en el consumo. Por ello, gráficamente será preciso en primer lugar establecer los planos de ambos individuos en donde se establecen las distintas combinaciones de bienes que les proporcionan diferentes niveles de utilidad: su mapa de curvas de indiferencia.

El gran economista irlandés Edgeworth con el fin de poder establecer una comparativa gráfica sobre la actitud de ambos individuos de forma ingeniosa considero invertir un de los planos que define las preferencias de uno de ellos (en nuestro caso el individuo B). De tal forma que la resultante gráfica de movimiento adoptará la forma de una caja ( en atención a ello, en adelante a esta herramienta gráfica se le denomino “Caja de Edgeworth”).

La superposición de ambos planos nos permite diferenciar dos tipos de puntos en común entre los individuos: aquellos en donde sus curvas de indiferencia se intersecan y aquellos en donde las curvas de indiferencia son tangentes entre sí.

Consideremos inicialmente que la dotación de bienes entre los individuos viene dada por un punto en donde sus curvas de indiferencia se intersecan. Dado que la totalidad de los bienes se asignan entre ambos, el reparto de bienes quedaría establecido del siguiente modo. Ahora bien, ¿podemos considerar tal distribución de bienes eficiente desde el punto de vista de Pareto?, es decir, ¿no existe otra distribución de bienes que permita mejorar la utilidad de un individuo sin reducir la del otro?. Para dar cumplida respuesta a este interrogante consideremos una distribución alternativa a la anterior tal como la siguiente que se corresponde con el punto de tangencia entre las curvas de indiferencia. Si se diese tal distribución, el individuo A al mantenerse sobre la misma curva de indiferencia no vería alterado su nivel de utilidad, en tanto que el individuo B mejoraría este al situarse en una distribución de bienes que se corresponde con una curva de indiferencia más alejada del origen. Por ello, el punto de intersección anterior no puede considerarse eficiente en sentido de Pareto, y una distribución como esta tendería a ser cambiada pues existe un incentivo al comercio o intercambio entre los individuos dado que uno de ellos puede mejorar sin que empeore el otro.

De igual modo, si en vez de trasladarnos hacia dicha tangencia nos hubiésemos trasladado a esta otra. Comprobaríamos como en ese caso la nueva distribución permitiría mantener el nivel de utilidad el individuo B y mejorar el del individuo A (al situarse sobre una curva de indiferencia más alejada del origen). Por ello, existe un aliciente a que mediante el intercambio los individuos modifiquen su distribución inicial de bienes.

De este modo, los puntos de tangencia entre la curvas de indiferencia, es decir, aquellas distribuciones de bienes en donde la pendiente de la curva de indiferencia (que es su RMS) de un individuo es similar a la del otro, muestran situaciones eficientes pues no es posible encontrar una distribución alternativa que permita mejorar la situación de uno de ellos sin empeorar la del otro.

Generalizando este razonamiento podríamos unir los infinitos puntos de tangencia entre las curvas de indiferencia, y lograr lo que se conoce como “curva de contrato”, que muestra el conjunto de distribuciones eficientes de bienes al que los individuos se ven abocados mediante el proceso de intercambio en una economía de libre mercado.

 

 

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